Experto advierte que para muchos adolescentes “si una persona no esta en Facebook o Tuenti no existe”

europapress.es

SEVILLA, 28 Nov. (EUROPA PRESS) –

El catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco y experto en adicción a las nuevas tecnologías, Enrique Echeburúa, ha advertido que el abuso que muchos adolescentes hacen de internet, y concretamente de las redes sociales, hace que “se llegue a pensar que si una persona no está en Facebook o Tuenti no existe”.

Según ha explicado este experto, autor del libro ‘Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes’, en una entrevista con Europa Press, en el ámbito de internet, la opción que genera más situaciones de adicción entre los jóvenes son las redes sociales, tanto por su gratuidad como porque ofrecen “visibilización social y una forma de conseguir una identidad delante del grupo, así como de expresar emociones”.

En las redes sociales, apunta, muchos adolescentes “vuelcan sus emociones, incluso a veces de forma poco adecuada, porque confunden lo íntimo con lo privado y lo público, de manera que ciertos jóvenes con desequilibrios son capaces de contar aspectos de su vida íntima a supuestos amigos que en realidad no son más que contactos, lo que los puede poner en peligro y distorsionar la comunicación humana”.

“Si las redes sociales son un elemento complementario dentro del ámbito de la comunicación humana, bienvenidas sean porque nos facilitan la vida. El problema radica cuando una persona las utiliza suplantando el contacto social con el virtual, dejando de estar con sus amigos y empezando a crear un mundo imaginario que transmite exclusivamente a través de redes sociales”, ha señalado.

Echeburúa, que ha coordinado el simposio internacional ‘Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes’, celebrado en Sevilla la pasada semana, ha indicado que algunos expertos apuntan que entre un 1 y un 5 por ciento de los adolescentes hacen un uso inadecuado de las nuevas tecnologías como internet, el móvil o los videojuegos, una cifra “considerable”, sobre todo, si se tiene en cuenta la edad de los afectados, porque “puede interferir negativamente en su vida cotidiana, en el rendimiento escolar o la relación con sus amigos y su familia”.

El catedrático ha aclarado que muchas veces la adicción a las nuevas tecnologías es “el humo que se desprende de un fuego que se corresponde con un problema que pueden sufrir los adolescentes, como una depresión, baja autoestima, trastorno de déficit de atención con hiperactividad, timidez exagerada o personalidades muy impulsivas, que recurren a crear una identidad ficticia en las redes sociales”.

También afecta a personas con poca cohesión familiar, sin control ni comunicación en su hogar, sin olvidar otro factor de índole cultural como es el “consumismo desaforado, como por ejemplo, tener el móvil de ultima generación o el uso abusivo con llamadas innecesarias”.

En cuanto a los perfiles de los afectados, ha precisado que los hombres suelen presentar más riesgo de generar un comportamiento adictivo a las nuevas tecnologías, pero ha matizado que en el caso de los adolescentes “no hay diferencia entre sexos, porque las pautas de costumbres son similares”.

No obstante, hay pequeñas diferencias como que las mujeres tienen más tendencia a utilizar el móvil para hacer llamadas o mandar mensajes de texto, mientras que los chicos emplean más las tecnologías asociadas al móvil, como los videojuegos o internet.

TRATAMIENTOS PERSONALIZADOS

Además, ha señalado las adicciones a las nuevas tecnologías también entran en contacto con otras que se expresan también a través de éstas, como son los jugadores on line, las compras o el sexo.

En cuanto a los tratamientos que se pueden aplicar para hacer frente a estas adicciones, ha destaco que, frente a los tratamientos de adicciones con sustancia, que buscan la abstinencia total, como es el caso del alcohol, las drogas o el juego patológico; en las adicciones sin sustancia como las nuevas tecnologías “es más complejo, puesto que la abstinencia total no es posible, ya que los afectados tienen que seguir utilizándolas porque forma parte de sus labores profesionales”.

En este sentido, ha indicado que los tratamientos hay que hacerlos “a medida”, de manera que “si una persona tiene una depresión y utiliza la adicción para enmascararla, hay que aplicarle un tratamiento psicológico adecuado a la depresión, y lo mismo si es por autoestima baja, caso en el que el tratamiento debe de dirigirse a hacer frente a la inhibición social”.

Luego, explica, se hace que el afectado pase por una abstinencia total de su uso por un periodo de entre uno y tres meses y se intenta enseñarle a practicar un consumo controlado por sus familiares hasta que sean capaces de controlarse ellos mismos.

No obstante, ha indicado que todavía son pocos los casos que consultan expresamente por una adicción a las nuevas tecnologías, algo que cambiará, asegura, en la medida en que se difundan las nuevas tecnologías que “seguirán emergiendo en los próximos años”.

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